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Noche buena en la selva: relato de un soldado de Colombia

26 de diciembre de 2014

"Como sé que la luna que se posa sobre mi cabeza, es la misma que se posa sobre mi familia y las estrellas del cielo son los compañeros que ya se fueron, esta noche buena no me sentiré solo, porque desde la distancia y el cielo ellos me acompañan".
Soldado Profesional Burbano Medina Jose Elver - Brim N 19 algún lugar de las selvas del departamento de Nariño
La noche oscura empieza a caer, la maraña agreste nos traga como de costumbre y los animales de la selva inician su concierto noctambulo, todo es normal, salvo el llamado inconfundible del hambre cuando acosa nuestros estómagos, todo debido a la tardanza del ranchero que extrañamente hoy no sirvió la cena a la hora acostumbrada, mi sargento Tapias preocupado por la seguridad de la sección y por el alboroto que podría causar la tropa al cenar a oscuras, exponiéndonos ante el enemigo, acude sigiloso ante el ranchero y entre susurros pregunta ¿Rosero, que paso con la cena hoy, se le pegaron las sábanas?, Rosero sorprendido y mostrando en su rostro una risa a medias lo mira a los ojos y le responde, mi sargento, hoy quiero hacer algo especial para los muchachos, acuérdese que es 24 de diciembre, de forma inmediata como si Rosero hubiese cacheteado a mi sargento, este reacciona alzando sus cejas y fijando una sonrisa en su rostro como si a su cabeza retornaran recuerdos alegres de navidades pasadas al lado de sus seres queridos y responde, está bien pero esta joche para servir antes de salir a la avanzada.

Como si lo hubiese planeado desde hace tiempo, Rosero saca la última jamoneta que quedaba desde el abastecimiento anterior, la destapa y minuciosamente la divide en 24 pedazos iguales, alista el arroz y las papas saladas aun calientes por el fuego de la cocineta de gasolina y tácticamente empieza a llamarnos uno a uno, anunciándonos que la cena estaba lista, para nuestra alegría el ranchero aún tenía algo más con que sorprendernos, de su equipo saca un sobre grande de mayonesa que había comprado la última vez que pasamos por el municipio de Magui Payán y con la creatividad de un chef profesional, adorna nuestro menaje con una cara feliz que apenas se puede distinguir en la oscuridad y entre susurros nos dice feliz navidad mis lanzas.

A algunos los tomó por sorpresa, ya que como mi sargento Tapias no recordaban la fecha, pero fue en ese preciso instante en el que el mal de selva dejó nuestras mentes por un momento y la rutina diaria se convirtió en una pausa de felicidad para nuestro diario vivir.

Terminada la cena especial, como estaba programado, arrancamos con la avanzada hacia un lugar en el que presuntamente terroristas del frente 29 de las Farc tenían un laboratorio para el procesamiento de coca, la orden era asegurar el lugar para que al día siguiente la compañía Corea que estaba al costado opuesto, ocupara el lugar y destruyera el sitio, en ese momento mis recuerdos alegres al lado de mi familia se diluyeron con la preocupación de todo hombre que sale a patrullar en medio de la noche con un fusil en sus manos, dispuesto a defender su vida ante otro que se la quiera arrebatar.

Así inició nuestra celebración de navidad aquella noche, mientras el resto de la humanidad se preparaba para recibir la llegada del niño dios, nosotros, nos internábamos cada vez más en la inhóspita maraña, implorando protección divina para que esta noche no fuésemos víctimas de una bala, de un animal ponzoñoso o de una mina.

Volviendo a la realidad del momento, estamos próximos al sitio del objetivo, mi sargento ordena montar el dispositivo de seguridad aproximándose las dos de la madrugada, inicio en el primer turno de centinela cerca de una cañada, con sigilo, ubico un lugar para ocultarme y vigilar, mientras observo algunas siluetas imaginarias que al instante se desvanecen tras el caminar de un armadillo o el corretear de alguna lapa, escucho pasos sobre la hierba muerta y húmeda que me exaltan, pero que luego se alejan como un animal asustado y me calmo.

Con el pasar de las horas, en el silencio infinito de la oscuridad, recuerdo que hace algunos años, por esta misma fecha y a esa misma hora, me encontraba en la sala de mi casa, reunido con toda la familia y con mi novia, la que hoy es mi esposa y la madre de mi hija, aunque en ese momento no habían regalos ni comida en exceso, gracias a mi trabajo ellos podrán pasar una noche buena con todas las de la ley, mi niña podrá tener la muñeca que me pidió en la última carta que me envió y mis padres podrán construir el cuartico que siempre quisieron para los dos.

Así pasó mi 24 de diciembre, imaginando una fiesta en que por este año no pude estar pero con la reconfortante idea en mi mente en la que una y otra vez repetía: Como sé que la luna que se posa sobre mi cabeza, es la misma que se posa sobre mi familia y las estrellas del cielo son los compañeros que ya se fueron, esta noche buena no me sentiré solo, porque desde la distancia y el cielo ellos me acompañan.

Las historias de nuestros soldados, son el reflejo de la entrega y el valor con el que héroes de carne y hueso protegen la seguridad de un país, sin importar las dificultades que encuentren a su paso.
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